Hurgando en
la lista de mis pensamientos, encontré en la del recuerdo que aún te quiero.
Jamás te
hablé, porque pávidamente te contemplé, oscilando en el columpio de la mudez y,
con el tiempo fui un fantasma entre tus palabras.
Eres la
historia que nunca terminé de escribir, por eso caminas como ese fantasma entre
mis páginas blancas.
Te fuistes,
pero al marcharte en la noche quedó impresa tu silueta.
Siempre
pensando en ti... en estas noches frías, soñando con el abrigo de tu cálida
piel.
Me has arrebatado
noches de sueño, desearía que me devolvieras el narcótico de tu amor.
Cómo dejo
de quererte, si todos los días desde tu ausencia, tejes fiestas dentro de mí.
Acallé mis
oídos, para bloquear, los sonidos lastimeros de las paredes que te nombran.
Parado en
la puerta esperé tu regreso, y tan solo llegaron las huellas de tu recuerdo.
Me asomé a
la sombría calle, y las nubes al verme lloraron muy tristes sobre mí.
Volé a un
bosque desolado, donde las hojas marchitas, me lloraban para recordarme que te
habías marchado.
Espero en
la oscuridad a que vengas, ¡y seré afortunado!, aunque llegue sólo tu sombra.
Moría cada
noche debajo del dintel de la puerta y al amanecer nacía para esperar de nuevo
la muerte.
En las
arenas del tiempo... serás una huella borrable.
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