miércoles, 31 de agosto de 2011

Amor ciego

Porque el sol con sus rayos excita la savia de la tierra… ¡te amo!
Porque el cazador con su disparo detona los sesos del águila… ¡te amo!
Porque las olas con su espuma abrazan la extensa llanura del mar… ¡te amo!
Porque el nipón en pro de la ciencia diezma a la colosal ballena… ¡te amo! 
Porque las hojas al danzar besan cada rama del tronco del árbol… ¡te amo!
Porque en el Amazonas el cisne ofrece un canto desesperado… ¡te amo!
Porque la afilada espuela del jinete se fusiona con la carne del caballo… ¡te amo!
Porque la furia del animal clava los colmillos sobre un bípedo… ¡te amo!
Porque las lágrimas de la primavera son caprichosas y coloristas… ¡te amo!
Porque las grises nubes cobijan a las trémulas sombras… ¡te amo!
Porque el pájaro babea el agua en el riachuelo… ¡te amo!
Porque las fábricas decoran el paisaje con mercurio… ¡te amo!
Porque el trueno le contesta al brillante relámpago… ¡te amo!
Porque pronto yaceremos inmunes al nervudo smog… ¡te amo!
Porque las estrellas acompañan sin protesto a la noche… ¡te amo!
Porque sueño con hados incinerando el camino… ¡te amo!
Porque las risas alegran al reflexivo eco… ¡te amo!
Porque un día mutaremos en la no sonrisa… ¡te amo!
Porque estar vivo es estar contigo… ¡te amo!
Porque no importa que el mundo explote en mil pedazos… ¡te amo!


miércoles, 24 de agosto de 2011

El amor duele


    Recibía el crepúsculo matutino sobre un espinoso rosal. Amaneció con un sol radiante golpeando su escarchado cuerpecito; la negrura había sido larga y gélida en la llanura. Uno de sus pretendientes, vistiendo su mejor gala, la rondó toda la noche, pero ella, casta y pura se había hecho la dura. El jugar de los minutos revolotea en su traje azul, entregándole canciones al lozano día. A la distancia, emocionada, nota acercarse al esbelto chico capa negra de ojos azules, ella coquetea alebrestando sus alas. Él, parado abajo, maúlla su mejor canción y, entre laboriosos brincos intenta llamar su atención. Ella cree en su corazón y sale de la alambrada de pinchos, revolotea y grita a la llanura su amor. El minino, compensando sus tiempos de conquista, se echa sobre una elevada roca y sus ojos detallan peripecias que ejecuta la niña con que sueñan sus fanales. Ella se aproxima más y más para demostrarle que es a él a quien quiere, se arrima casi a un salto del michino y él, indiferente, espera con paciencia. Ella, con ojos de terror, no se había percatado de que el chico grande y fuerte de anoche los acechaba; cuando dispone cantar la alarma, el galán de traje moteado, raudo, ha saltado sobre su humanidad, ¡cierra los ojos!, ¡queda oscuro!…, segundos después los abre y mira hacia abajo; mientras mantiene el vuelo contempla con profundo pesar cómo el moteado mastica a su rival. Muy triste se aleja decidida a no volverse a enamorar.
Minificción 250 palabras.



La imagen de esta entrada fue tomada de La Esfera Cultural

"Una noche inolvidable"

Te esperamos en la radio

SÁBADO 27 de AGOSTO de 21 a 24 hs (hora de Buenos Aires)

Auspician este programa: - MAJ CONSTRUC. S.A. (empresa constructora) - D.B. & ASOC. (estudio de auditoria) - G.E.A.A.M. (grupo escritores argentinos) PERSONERIA JURIDICA N*000587 I.G.J.
PROGRAMA 1240 - 12* AÑO EN EL AIRE  
CONDUCE: Carlos Fernández


Desde Argentina - España - Mexico- Colombia - Puerto Rico - Ecuador - Chile -  Brasil - Cuba - Venezuela - Italia – Portugal

POETAS INTERPRETADOS:  
Julio Cortazar - Eduardo Galeano - Homero Exposito - Olga Orozco - Octavio Paz - Nicolas Guillen - Antonio Machado - Federico Garcia Lorca - Belisario Roldan - Gabriel Aviles - Efren Romero Acuña - Santiago Medina - Pedro L.Lopez Perez - Betty Badaui - Sandra Godio - Jorge Humberto - Garla Kat - Michelle Peretti -Sandro Penna - Wilma Brochers - Mariluz Diez Salviejo - Felix Asencio Garay - Susi Ram -Gisela Cueto Lacomba -Ruben Reve Planes
PASAJEROS A BORDO DEL DESTINO
MARCELO DI MARCO (escritor) y BARBARA BARKATS (cuentacuentos)
Colaboran con la producción: Andrea Fernández Valor - Susana Morello -
A PARTIR DE SEPTIEMBRE....
"UNA NOCHE INOLVIDABLE" cambia de radio...nos podes seguir escuchando en: www.radiolaquebrada.com.ar
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martes, 16 de agosto de 2011

¿?

¿Cómo saber de los afectos?:
el olor de tu largo cabello
enredado en el bosque
de las fragancias de tus virtudes.
¿Cómo saber de los apegos?:
el olor de tu aliento tempranero
expuesto en la cueva del oso
invernando en el tiempo.
¿Cómo saber lo que se quiere?:
el olor de tus íntimas partes
bañadas por los efluvios del mar
convierten la sal en gotas de miel.
¿Cómo saber que te extraño?:
el olor de tu queratina piel
donde corre el sudor de las olas
viajeras de tus perfumes.
Por todo eso amo y vivo,
por cada amanecer y atardecer junto a ti.
Siento que inhalo los vapores de tu aliento,
¡tregua!, que las emociones aceleran
el aletear de mi cavernoso corazón.

sábado, 6 de agosto de 2011

El escritor



No necesariamente todo lo que escribo me sucede a mí directamente; recuerden que somos unos usurpadores de sueños. ¡Ojo, no dependemos de timar a nadie!, simplemente recogemos lo que esos seres de carne creen desechar, ¡claro está!..., con algunas atrayentes excepciones que nos hacen ir más allá de ser ladrones en una esquina del doblez del pensamiento. Siempre resultamos absortos en ese espejismo que comienza a desplegarse en una ociosa e interminable hoja en blanco y finaliza en ambiguos océanos teñidos con letras de tinta.


Armamos rompecabezas, atmósferas paralelas que inexorablemente nos las creemos, las padecemos, las hacemos vivenciales; escenarios donde pagamos la factura de electricidad de la anciana sin recursos, donde bebes alcohol como un degenerado, donde en un tris de escuetas páginas triunfas o fracasas, donde amas incondicionalmente a miles de niños, donde llueve y la calle nocturna jamás se moja, donde el sexo es lésbico y el éxtasis es fácil conseguir…


En los últimos años me he percatado que al principio me desvivía por las aventuras que todos esos ingeniosos personajes me hacían vivir, pero muchas veces algunos me asustan con sus acciones y aptitudes; trato de huir para descansar de ellos pero, como sombras de mediodía, aparecen para reclamar su guión. También tengo que confesar que sin ellos mi vida estaría vacía y en el despeñadero del inmundo suicidio…, siempre vienen y me salvan porque, al final, somos una inseparable familia de dependencia mutua. ¡Lo digo con pena!... Esperaba hacer reflexionar a esos personajes ficticios y que borraran del tintero la espontaneidad, el sobresalto como si fuesen reales…, pero fue inútil, ya son unos verdaderos depredadores de la fantástica mente.



Luego del discurso, ya un poco más calmado, bajo del estrado donde los inseparables, en masa, me aplauden como si se tratase de una afamada estrella. Apago las luces y decido abandonar el teatro para mañana comenzar de nuevo mi oficio de conserje…

miércoles, 27 de julio de 2011

Experiencia de la locura

Despunta el cielo en la sanguínea anchura
amansadas circulan las capilares nubes
cuando en el dejado ocaso yace tu mirar
reflejando una eglantina en medio de tus ojos
y nada se resiste al imperio de ese embrujo
hasta los cisnes hipan, tu ya ahogado trinar.
El primer haz que ingresa a tu naciente resguardo
trae un cobrizo calor a tu incorpórea gruta
que alígera su cadencia al monte de las musas
pues, sumido entre alienadas pinceladas
dentro de un himno alegórico, te deja surcar
en el piélago que danza hacia el país del amor.
Me aproximo a la yacija desertando del Parnaso;
dibujo los latieres de mi astringente realidad,
te veo y suspiro al desmantelar los sueños
que jamás gozaremos de la tierra sagrada,
deliro que despiertas y disimulo con el humo
de la lenitiva infusión que sangra vestigios imborrables.
Elíseo, ¡por favor!, no te veles en este hierático día,
suplico, mientras ella naufraga y escondida me mira,
incrédula, frágil, abastecida de una gracia sublime,
observo a la luz su flamante arcoíris
trayendo los biológicos matices del regocijo
de una mujer, de una madre, de un universo.
Cuando el fatigado sol abandona el hemisferio visible,
sin ayes y esperando regresar mañana,
esa moza aún continúa zurciéndome el pellejo
en medio de su nicho sereno la contemplo,
proveyéndome la merengada vitamínica
con tan sólo su licuada taciturna sonrisa.
Cuando en definitiva entre la pura noche
me encontraré abrigado en un ósculo negro
para soñar, a hurtadillas, como dos chicuelos rebeldes
yendo al vidriado tálamo de la playa
para dormir junto a las olas y amanecer de nuevo
desayunándonos en un remoto beso nuestra luna.

domingo, 17 de julio de 2011

Compañera de viaje

Matematicamente no estoy volviéndome más verde
en el enmarañado genoma de la vivencial jungla.
Mi indisoluble compañera me trae de la mano en el viaje
por el pasadizo farmacéutico de las sumas
donde ella compra la mejor medicina:
las pastillas para mi acercada decadencia,
vitaminas para enfocar la entrada de los años.
Avanzo segundo a segundo en el gasto genético
en la secuencial cartografía del código de la existencia.
Hombro a hombro está ella a mi lado haciendo de ente
multiplicando los expedíos que he de consumir
donde ella es ración cardinal de ese lumínico alimento
¡Panes para mi desaliento!, ¿dices?
Ingredientes básicos para mi provecto mundo.
No es que pretenda debilitar el cuerpo y los inquietos placeres,
es que la hereditaria cacería ha sido ferozmente persistente
¡pero tú!, amada, la has retardado en esta susceptible fracción
al dividir lo espacial y lo temporal en una imprecisa trayectoria
donde tú reverdeces en una gentil alma bondadosa,
savia para mis comatosos blanquecinos huesos,
abono nutriente para la raíz de mi cansado aliento.
No es que retraiga las facultades del último período,
es la semilla crecida en el rincón del huerto de la apta vejez
que hace que el resto de las edades siempre sobren.
Se me escapa el camino inverso de la juventud,
pues el óxido arrellanado me ha hostigado en parte de la vida
y en el umbral de la senectud sólo estás tú, corazón,
mistérica aureola de la iniciación al inmortal amor.
Siempre serás mi lago mágico bañado en crisálidas lunas,
la eternal aurora y el ocaso abrazo de mis feraces días.
No poseo suficiente afectivo para amortizar tu presente,
la bonanza que me has obsequiado sin pedir nada a cambio.
Eres lo que me mantiene en el último suspiro,
compañera de viaje, te confieso en la actual hora
que en ningún tiempo te dejaré de amar.

domingo, 10 de julio de 2011

Las piedras que suena el río

       Permanece atrás rezagada avistando como los seis hombres con una acompasada destreza cargan encima de los  hombros el pesado bulto. Sofía encola el aguado sentimiento en ese barnizado cajón que le empobrece el suspiro. Cruzan el río por una ruta estrecha que es protegido desde la orilla por un batallón de álamos negros. De repente, nota la rauda sombra de su hijo doblar adelante en una curva pronunciada que describe el recorrido del camino; sospecha que es una alucinación del viento, siente que es el frío clima que la incita a desvariar. Luego de vencer sus espejismos…, continúa fija en ese ejército de hombres que no desafinan en su andar y se mimetizan en oscuras marionetas de madera.
       Ella no exhibe su compungido rostro, lo abriga en un afligido velo y, parsimoniosa y desapercibida, recorre como una ofuscación la terrosa travesía junto a la sucesión de personas que caminan de modo solemne y ordenada. Sofía entra en el inequívoco paréntesis de su devenir, sofocada por imperecederas emociones en la que señorea la súbita melancolía y lo peor es que no le es permitido consumir esa tristeza con nadie. Los residentes del pueblo de Finis la aprecian y la quieren por siempre a esa carita que busca ser prófuga de cualquier mirada; atiborrada de pecas, con esos lentes de maestra, le preñan de inocencia y sencillez ¡pero nunca ha sido una mujer apocada!, ya que posee una formidable personalidad. Usualmente, Sofía domina el escenario de forma natural; cada vez que pronuncia palabra, la mayoría la escucha no importando el momento.
         El recuerdo..., al recuerdo se le puede engañar con una falsa impresión, se le puede ahuyentar por un rato del caserío de la mente, se puede hacerlo a un lado por un espacio muy breve, pero su eviterna presencia residirá allí, no importa el tiempo ni el espacio en que te encuentres…, aunque deambule por doquier como fantasma que languidece con nuestra propia sombra. Tantos años de alegría que la vida le otorgó, que desde unos días para acá no ha sabido cómo revertir lo marchito que ha aparecido sobre su piel, pues está segura de retornar y reconocer la locura, no importándole el precio a pagar. Ahora la memoria golpetea constantemente como torrentes de olas sobres las piedras que suena el río. Definitivamente no se pueden falsear las componendas de la existencia; su pueblo, Finis, desde que se marchitó no es el mismo para ella, pues su ilustración ha cambiado para siempre.
       Sofía deambula por el medio del hosco sendero y, sin avisar al ambiente, principia a verter el desconsuelo como si los folios de su mustio libro se desprendieran insumisos. Sin percatarse de que se aparta de Finis, remonta la colina más alta de las afueras del pueblo y llega hasta la ermita. Los hombres, con sumo cuidado, sitúan la urna en la impasible fosa y Sofía, en una exhalación, presta atención a su demacrado hijo recostado a un menguado y agrietado álamo, que sobre un pañuelo desboca tempestades de llanto.
       Lentamente cubren de tierra el hoyo, mientras los concurrentes, al pasar, le arrojan una manoseada flor y se van retirando del lugar. Sofía experimenta una sensación de que conoce esta fecha y que en el presente se repite lo que había borrado de su calendario lunas atrás. Comprende que ¡jamás lo hizo!; indestructiblemente estuvo mintiendo en el olvido como un escritor que desanda entre tantas historias saturninas. Mientras en un sudario de presencias palpa suavemente la capilla, pormenoriza la distancia con sus desorientados ojos y reverencia muy en lo hondo a la brisa que adula la puesta del sol. Sofía, a la distancia, clava sus cuencas en la desolación de su hijo y despierta la retentiva para vociferar al mundo: “¡Jamás en la eternidad lograré olvidarte..., hijo mío!”, entretanto manosea la inscripción en la lápida: “Te queremos, Sofía. El pueblo de Finis”.




viernes, 1 de julio de 2011

El baile de las máscaras

Sin rumbo vagamos luego de escapar de la licenciosa fiesta de Baco
y la Luna detenida nos alumbra con la preñada leche de la noche.
En esa ebriedad, descalzos, paseamos por la ribera en el romper del oleaje,
nuestros pies se embarran de sal y arena para liberar la atrapada locura.
Nacen ráfagas de lluvia y el mar se embravece entre truenos y relámpagos,
y escapamos para refugiarnos en el lecho que obsequia el afrutado del vino.
… Luego de mimar ardientemente cada uno de tus húmedos crepúsculos,
el notorio encendido abraza por completo el cielo de nuestro paradero
y luego de besar el cenit libertando la extrema fogosidad de los amantes,
lentamente, en el horizonte, llega el ocaso de mi áspero aliento extenuado
y tropiezo tu resuello en la almohada para contemplarte como un niño
que como un feto se contrae en la vehemencia de la eterna inocencia.
En una perspectiva difusa y sonrosada de la fresca aspiración mañanera,
despierto con los primeros roces de la aurora yendo al encuentro del orto
para emprender el seductor día cosechando el silbido de las promesas
abrigadas entre rugosos caminos de lienzos de los inertes flagelos
que cunden su peculiar hedor transparente pulverizado en los rincones
de cada pared, donde duerme el éxtasis de la celebración desenfrenada.
Es el umbral del origen, es la carne junto al pecado
que se reconocen ante la luz tempranera que riega el circular horizonte
delante de un oscuro y amargo café que se delata en una humeante estela
que baña en una cremosa melaza tus finas células protectoras de melanina
y así imagino amaneceres improvisados en un futuro de vicios ocultos
acompañados por gentiles ventanales, que guardan los secretos a voces
y manosean como un fetichista adulador en lo privado… 
¡tu cepillo de dientes!…, junto al mío.


sábado, 25 de junio de 2011

Reclusión

Envuelto laxamente en una túnica almagra con claves de olor a metal
bebo el humor del ruego a través de las estrechas puertas de las cavidades
y me asomo agitado a la buhardilla que babosea el vértice en el suelo
para captar en esa autopista el ultrasonido perpetuo y pulsátil
de los alunados aullidos, asidos a sinfonías, que se propagan a la intemperie
y cruzan el endémico pasillo de mi pusilánime y anoréxica cáscara.
Atiendo a sus desesperadas voces en un raudo reflejo animal
y como un insepulto perro silente agoto en la ausencia el ladrar
esperando, tan solo deseando el vistazo falaz del tiempo.
Cuando te atrapa la resonancia del ignorado secreto
descubres lo frágil que es ese lesivo puño musculoso.
Si pronuncio lo que pienso soy un avanzado vanidoso del reino;
si en este juego extravío lo que era, dejo de ser la auténtica evolución.
Asomado en lo alto rozando el tejado inhalo profundo hasta el mar
y en el cristalino barco le cuelgo pasajeros fugados en el viento
para que los lleve a salvo redimiendo la fe del mundanal exterior;
tal vez eso calme con algunas saladas gotas su trágica angustia
y le expreso en ese límpido bajel:                      
La ilación del cordero de los amores no es más que un turbio sofisma,
simplemente irrumpen coloridas mariposas que vuelan jugueteando
entre el jugoso estómago y el clandestino puño del corazón.
Antes de taponar la entrada de aire y luz al recinto,
le garabateo: ¡Anda tranquila!...
en la búsqueda más escondida, ¡pues yo estaré bien!
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